Esta es parte de la conversación que el ex Secretario General del Partido Socialista Carlos Altamirano y el historiador Gabriel Salazar sostuvieron sobre el futuro de la izquierda. El capítulo del libro se titula: “Orientaciones generales para una nueva izquierda”. Expresiones sin duda de interés cuando en la izquierda chilena se debate el camino que le permita reconstruir su unidad e identidad.
He aquí parte del diálogo Altamirano-Salazar:
SALAZAR: Creo que te has referido in extenso sobre el contexto histórico dentro del cual podría surgir una nueva izquierda en el mundo actual; también te has extendido sobre cuáles deberían ser sus pivotes de partida (el ecologismo, la crítica frontal al neoliberalismo); has hecho asimismo un recorrido por las dificultades (enormes) que encontraría esa nueva izquierda para su eventual desarrollo, y has esbozado también ideas globales acerca de qué tipo de sociedad, Estado y democracia tendrían que construir los nuevos movimientos sociales (que, en tu opinión, constituyen de hecho la izquierda actual)… Te he estado contrapunteando todo este tiempo – lo más armónicamente posible- tu exposición sobre todos estos temas, y creo que estamos en el momento preciso para especificar un poco más las ideas matrices o propuestas básicas que puedan caracterizar el Estado, la sociedad y la democracia en que estás pensando… Es claro que no es muy apropiado diseñar ya un completo programa político, pero sí es posible esbozar algunas orientaciones generales que permitan marcar un norte común (una especie de bengala o estrella de Belén) y así contribuir a la convergencia de los movimientos y grupos tan dispersos que tenemos hoy…
ALTAMIRANO: Te voy a leer mis notas al respecto: 1) Debemos privilegiar la democracia directa por sobre la representativa… esto es fundamental. 2) Debemos privilegiar la descentralización del Estado por sobre el centralismo. 3) Debemos privilegiar los equilibrios ecológicos y de la naturaleza por sobre la voracidad de los intereses económicos (aunque no le guste a Frei Ruiz-Tagle). 4) Debemos privilegiar el gasto presupuestario en educación por encima del gasto en defensa (empezando por eliminar el 10 por ciento de las ventas del cobre que se llevan los militares). 5) Debemos privilegiar el desarrollo de los movimientos sociales por sobre la refundación de los partidos políticos… para acabar con la actual farándula. 6) Debemos fortalecer el Estado por sobre el mercado, para evitar la dictadura de las transnacionales. 7) Debemos privilegiar los derechos de la mujer por sobre los religiosos… es el colmo que le prohíban a las mujeres tomarse la pastillita después de… 8) Debemos privilegiar los derechos de los trabajadores por sobre los intereses de los capitalistas. 9) Debemos privilegiar los derechos de los indígenas por sobre el de los ladrones de tierras. 10) Debemos privilegiar la democratización de los medios de comunicación por encima de los monopolios periodísticos. 11) Debemos privilegiar América Latina por sobre los demás países, y a Europa por sobre Estados Unidos. 12) Debemos privilegiar en educación los principios de solidaridad por sobre lo de la competencia individualista…
La democracia directa
SALAZAR: Al sistema capitalista actual, globalizado e inmaterializado como tu dices, no cabe atacarlo al estilo general Baquedano: de frente y con la bayoneta calada, sino mediante un ataque cultural elíptico, envolvente, de acción sobre las ideas, las costumbres, los hábitos… que implica que deben ser los propios revolucionarios los que deben iniciar el cambio en si mismos, en sus conductas, actitudes…
ALTAMIRANO: Lo que debería traducirse en un movimiento tendiente a profundizar el sistema democrático, sobre todo -como señalo en mis ‘privilegios’- a través de una democracia directa, plebiscitaria, con la que se puedan hacer transformaciones de gran envergadura. Un poco al modo de Evo Morales o de Chávez… No creo que la democracia directa sea un impedimento, una muralla china que obstaculice el cambio social… si estamos viviendo cambios siderales todos los días… Igualmente, creo que no se puede insistir en la idea de una nacionalización de todos los medios de producción que estén en manos privadas. En varios casos sí, por ejemplo, en Chile debieran nacionalizarse todas las minas de cobre, porque con eso se duplicaría el ingreso del país. Porque Codelco está produciendo apenas el 22 por ciento de los ingresos totales por exportación… pero no podemos iniciar una ola de estatizaciones a tontas y a locas, llegando hasta el nivel de las Pymes o de los pequeños propietarios. Sería inútil y, a la vez, una provocación política…
SALAZAR: Hacia 1920, el movimiento popular que todas las empresas de servicio público (como el transporte, los teléfonos, el agua potable, la electricidad, la educación, la salud, la fabricación de alimentos de primera necesidad, como el pan o la leche, etc.) debían estar no estatizadas, sino municipalizadas. Y municipalizadas porque se suponía que las organizaciones populares –tipo mancomunal- podían y debían controlar por democracia directa los municipios, de modo que era el pueblo mismo el que administraba esas empresas… Hay mucho que aprender de la historia social de Chile. El problema trágico es que no se conoce ni se enseña…
ALTAMIRANO: La estatización y socialización de la educación me parece fundamental. Lo mismo que la previsión. La educación, la salud y la previsión, si no son enteramente públicos, deberían estar en gran medida intervenidos, regulados, controlados y vigilados por el Estado. En cualquier caso, la estatización o socialización de esos servicios es necesario hacerla por una vía progresiva, de imposición cultural, por el peso de las convicciones… Sin lucha violenta, como exigía el viejo marxismo-leninismo…
Revolución intelectual y moral
SALAZAR: De acuerdo. Sin embargo, los movimientos sociales que se propongan conseguir esos objetivos tienen que actuar sobre la base de una razón histórica, sobre la base de inteligencia social colectiva; es decir, una cultura flexible que se aboque a realizar esos objetivos con persistencia inflexible… Esto es: la dialéctica como método y como lógica no se puede dejar de lado. En ese sentido, no se trata de ser marxista –como seguidor mecánico o autómata-, sino de pensar adecuándose a la realidad de hoy, del mismo modo como Marx pensó adecuándose a la realidad de ayer… Uno puede desprenderse del marxismo-leninismo, pero no de la dialéctica ni de la razón histórica…
ALTAMIRANO: Sí… No, para mí es evidente. El método dialéctico… y esas ideas relativas a la alienación social o enajenación en el consumo son ideas interesantísimas y vigentes. Y muy vigentes… Yo me apodero de la frase de ese comunista italiano, Gramsci, que plantea la necesidad de realizar “una gran revolución intelectual y moral”. Sin una revolución cultural, intelectual y moral, no sacamos nada con nacionalizar no sé qué industrias, no sé qué zapaterías.
SALAZAR: No se trata de editar la Vulgata de las Sagradas Escrituras, sino de encender por dentro nuestro propio espíritu santo… El nuevo capitalismo y el mundo globalizado no están para ser reducidos a ediciones de bolsillo, o sublimados a tres o cuatro avemarías… Se necesita abrir un proceso de reflexión y comunicación consistente, persistente y penetrante. Estamos demasiado sumidos en nuestro propio ombligo dialéctico, sin salir a reventar el aire de la ciudad. Nuestra voz se despliega apenas en cuchicheos, o en diálogos a puerta cerrada, como el nuestro. O en las tocatas de los hip-hoperos en un pasaje de población. Necesitamos difundir, alzar la voz, extender la reflexión social…
ALTAMIRANO: Claro que sí, y desde esta perspectiva se pueden mantener ciertos recuerdos y ciertos mitos… que es necesario mantener. Es bueno que sepamos reconocer nuestra derrotas, pero también en lo que tienen de derrotas, pero también en lo que tienen de gestas heroicas, esfuerzos enormes que, aunque fracasaran en un aspecto u otro, nos hablan de mística, de lucha, de fe… Por eso que en la cultura de la nueva izquierda no puede haber una condena ciega, total e inmisericorde, de la revolución y los gobiernos comunistas de la Unión Soviética, de China, de Vietnam, de Cuba… La Unión Soviética, por ejemplo, después de todo, sacrificó más de veinte millones de hombres en la lucha contra el nazi-fascismo. Si no hubiera sido por eso, las llamadas democracias de occidente no habrían podido derrotar a Alemania… La Unión Soviética ayudó a las clases trabajadoras de todo el mundo a organizar y luchar por sus objetivos a través de sus múltiples partidos comunistas. No se puede negar que el Partido Comunista chileno, pese a su claro alineamiento con Moscú. Contribuyó notablemente al desarrollo del movimiento obrero antes de 1973. Podemos y debemos criticar el autoritarismo de los Castro en Cuba, pero sin desconocer para nada lo que significó la revolución cubana para el Tercer Mundo en las décadas de 1960 y 1970… Podemos criticar sin duda los excesos de Pol Pot y de la revolución cultural china, lo mismo que la invasión soviética a Hungría y Checoslovaquia, pero no podemos olvidar que sin el marxismo-leninismo, sin el castrismo y el maoísmo, tanto el nazi-fascismo como el capitalismo yanqui nos habrían aplastado mucho más aún…
La Izquierda en la historia
SALAZAR: Totalmente de acuerdo. Las derrotas son derrotas, pero son ejemplos, testimonios vivos de acción y lucha. Y se encarnan en mártires, héroes y pensadores que los dieron todo por una causa que fue, a lo mejor, ineficientemente luchada, pero justa… Alimentan por tanto, con dolor pero con nobleza, la memoria histórica de los pueblos. El acervo cultural sobre el cual se puede conversar, poetizar y cantar; recordando, admirando, respetando. Es lo que realmente vale la pena transmitir, con pena pero a la vez con orgullo, a los hijos, a las nuevas generaciones. Esa tradición que no puede perderse en el olvido, que debe pasar de una generación a la otra como un cofre de identidad, como ceniza venerable de progenitores y antepasados. La memoria histórica de la lucha de clases, aunque el concepto y la pertinencia práctica de ella ya no tengan la validez de antaño, da de todos modos, hasta hoy, identidad, sinergia cultural, sentido de pertenencia, sangre atesorada… que es el “surplus anímico” que sólo el movimiento popular puede tener, y que sólo la izquierda de todos los tiempos puede reclamar para sí, como la única millonaria herencia que le entrega la historia… Como la única bandera que simbolice algo más profundo que un mero territorio…
ALTAMIRANO: Y por eso mismo que queremos refundar una nueva Izquierda, no otra cosa. Es decir: un movimiento que tenga continuidad –pero no repetición mecánica- con los movimientos del pasado. Porque en el mundo actual hay países ricos, países emergentes y países pobres que viven en la más absoluta premodernizad. El capitalismo globalizado contiene de todo: civilización posmoderna y culturas que son propias de la prehistoria. Y si en Europa o en América Latina la lucha por la independencia ya no tiene sentido, y si incluso la lucha de clases ha perdido validez, hay países en África, en Asia y hasta en América Latina que necesitan luchar por su independencia, y otros que necesitan activar la lucha de clases. Por eso, si criticamos aquí o allí la validez de ciertas tesis dogmáticas del marxismo-leninismo, debemos reconocer también que allá y acullá esas tesis pueden, local y contextualmente tener aplicación. Nuestra nueva cultura revolucionaria no puede ser ni sectaria ni unilateral, sino incluyente, acogedora, plural y, siempre, solidaria. La revolución que avizoramos hacia adelante –hemos dicho ya más de una vez- tiene que ser esencialmente inteligente, flexible y global. Diversificada internamente, pero inclaudicable en su modo de avanzar…
SALAZAR: … Amén…
(Introducción selección de textos: Alejandro Lavquén).
Revista Punto Final
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