jueves, 3 de noviembre de 2011

Soberanía Popular

Hace un par de semanas estuvo en nuestra ciudad el destacado historiador social don Gabriel Salazar. En una charla a la que asistieron más de 300 personas, expuso de manera contundente y magistral algunos conceptos acerca de nuestra historia y de cómo se debe dar la soberanía popular. De paso, se manifestó de manera crítica respecto de muchos de nuestros intentos de transformación social.


Queremos recordar ahora algunos de los conceptos por él vertidos:

1. Para avanzar en nuestro afán de transformar significativamente nuestro ordenamiento social, necesitamos conocer nuestra historia, y extraer los aprendizajes pertinentes. Ello implica 2 cosas: por una parte, necesitamos revisar la historia que nos han contado acerca de nuestro país, especialmente sus “héroes” y principales episodios, pues se nos ha entregado severamente tergiversada, comenzando por la misma figura de O’Higgins, personaje antidemocrático y militarmente perdedor. Por otra parte, implica contextualizar y adecuar los conceptos y teorías de transformación social que se han generado en otras culturas u otras épocas. En este sentido, Don Gabriel Salazar atribuye parte del fracaso del gobierno de Salvador Allende, al no haber contado con una teoría social o histórica propia, que pudiera haber dado soporte sólido al intento de gobierno popular.

2. Un segundo gran aporte del historiador Salazar apunta al concepto de deliberación. Se entiende por deliberación al proceso de reflexión, individual y colectivo, que permite analizar una situación social y política desde el punto de vista de los intereses del pueblo, para luego traducirse en acuerdos o mandatos populares. Si no existen instancias de deliberación reales, no hay desarrollo social ni transformación política. De ahí la importancia de que las organizaciones sociales y políticas tengan prácticas democráticas, en que las decisiones se fundamenten en procesos de discusión y discernimiento colectivo. El acto de votar, si no está precedido de la deliberación pertinente, no tiene valor transformador. Un dato más, la deliberación real es un proceso de reflexión, que no es automático ni rápido.

3. Ligado a lo anterior, don Gabriel Salazar otorga gran importancia a los mandatos de las asambleas, instancia en las que se deben tomar las decisiones. El proceso de deliberación debe culminar en decisiones, sólidas y profundas, expresados como “mandatos”. En este sentido, el mandato en sí mismo es más relevante que quien sea elegido para concretar o comunicar el mandato de la asamblea. Por tanto, si el mandatario no es fiel al mandato, debe ser rápidamente desplazado. Este simple principio no opera en la mayoría de nuestras organizaciones, donde se asigna más importancia a la elección de los dirigentes que a los procesos de deliberación colectiva. Incluso, muchas veces el representante toma decisiones por sí mismo, en virtud del supuesto poder asignado al asumir su cargo.


Así, en torno a los 3 elementos antes vistos, podemos aproximarnos al concepto de soberanía. Ésta radica en el pueblo, no en los representantes. Es el pueblo deliberante el que debe decidir el ordenamiento social que quiera darse, lo que debiera finalmente expresarse en una Constitución soberana. Sólo la Constitución de 1828 obedeció a un proceso de este tipo. Todas las otras constituciones de Chile han sido expresión del poder dominante. Cabe preguntarnos ¿Podremos cambiar esa historia?

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