El momento actual de Chile está marcado por la movilización estudiantil, que algunos perciben y connotan como un movimiento ciudadano. Lo que no merece duda, es que se trata de un choque de fuerzas entre un gobierno de derecha, que defiende a ultranza un modelo social y económico, y una parte de la ciudadanía (principalmente estudiantes) que tratan de modificar aspectos sustanciales de ese modelo.
¿Con qué fuerza ha contado el movimiento estudiantil para hacer frente no sólo a un gobierno obtuso sino que a todo un modelo que perjudica gravemente los derechos ciudadanos?
En primer lugar, ha contado con ideas claras, que si bien hasta hace poco pudieran haber podido parecer anacrónicas, han sido expresadas de tal forma que para muchas familias hoy suenan no sólo razonables, sino que hasta necesarias. Que se hable con naturalidad de educación gratuita para todos, de la re nacionalización del cobre, de que se debe cambiar la constitución (y además a través de una asamblea constituyente), son avances innegables para la conciencia de nuestro pueblo.
En segundo lugar, justamente por su claridad y buen fundamento, estas ideas han recibido el apoyo de las mayorías, lo que sabemos principalmente por las encuestas de opinión. La creatividad y convicción de los estudiantes han conmovido y seducido a la mayoría de las familias del país. Junto con ello, esa misma opinión pública rechaza y repudia el actuar del gobierno.
El tercer elemento de fuerza de este movimiento ha sido la enorme energía de amplios sectores estudiantiles, tanto universitarios como de enseñanza media, que han mostrado con arrojo y decisión, su voluntad de lograr transformaciones significativas, y no sólo reivindicaciones monetarias o específicas. Han mostrado que están dispuestos a sufrir costos significativos, como perder un año de escolaridad o enfrentarse a la presión de sus familias y de parte de la comunidad.
Entonces ¿qué está faltando para avanzar en esta confrontación entre estudiantes y gobierno?
Aún falta más fuerza. Por más que se diga que se trata de un movimiento ciudadano, los sectores sociales y gremiales que se han sumado de manera evidente al movimiento son pocos. El que algunas marchas sean masivas no garantiza que se trate de un movimiento ciudadano. El movimiento se hace ciudadano cuando distintos actores sociales suman fuerzas a la presión que se debe hacer contra el gobierno, el parlamento y el modelo en general.
Cuando se sumen los gremios del transporte, del comercio minorista, de los principales sectores productivos, los servicios públicos, las organizaciones vecinales, de manera masiva y evidente, la fuerza ciudadana será realmente gravitante. Bien lo sabemos en Magallanes los que nos opusimos al alza del gas: cuando todas las fuerzas se expresan de manera coordinada y disciplinada, no hay gobierno que resista.
Ayudemos a los estudiantes a activar todas esas fuerzas, a ponerlas al servicio de este proceso de transformación. Generemos espacios de reflexión, debate y deliberación, en cada organización social y gremial. Si fuimos capaces de movilizarnos por un alza del gas que nos implicaba gastar adicionalmente unos $ 50.000 al año ¿valdrá la pena movilizarnos para que la educación sea gratuita y esté al alcance de todos, sin endeudarnos de por vida?
Sin duda, no se trata sólo de evitar una pérdida económica, pero visto de esa manera, es posible que logremos sumar aún a muchas más personas. Los de izquierda, queremos mucho más que eso: queremos un cambio radical de este sistema injusto e inhumano. Es momento de construir un país distinto. Con una izquierda vigorosa y protagónica, Chile será otro Chile.
