viernes, 25 de noviembre de 2011

FUERZA CIUDADANA

El momento actual de Chile está marcado por la movilización estudiantil, que algunos perciben y connotan como un movimiento ciudadano. Lo que no merece duda, es que se trata de un choque de fuerzas entre un gobierno de derecha, que defiende a ultranza un modelo social y económico, y una parte de la ciudadanía (principalmente estudiantes) que tratan de modificar aspectos sustanciales de ese modelo.

¿Con qué fuerza ha contado el movimiento estudiantil para hacer frente no sólo a un gobierno obtuso sino que a todo un modelo que perjudica gravemente los derechos ciudadanos?

En primer lugar, ha contado con ideas claras, que si bien hasta hace poco pudieran haber podido parecer anacrónicas, han sido expresadas de tal forma que para muchas familias hoy suenan no sólo razonables, sino que hasta necesarias. Que se hable con naturalidad de educación gratuita para todos, de la re nacionalización del cobre, de que se debe cambiar la constitución (y además a través de una asamblea constituyente), son avances innegables para la conciencia de nuestro pueblo.

En segundo lugar, justamente por su claridad y buen fundamento, estas ideas han recibido el apoyo de las mayorías, lo que sabemos principalmente por las encuestas de opinión. La creatividad y convicción de los estudiantes han conmovido y seducido a la mayoría de las familias del país. Junto con ello, esa misma opinión pública rechaza y repudia el actuar del gobierno.

El tercer elemento de fuerza de este movimiento ha sido la enorme energía de amplios sectores estudiantiles, tanto universitarios como de enseñanza media, que han mostrado con arrojo y decisión, su voluntad de lograr transformaciones significativas, y no sólo reivindicaciones monetarias o específicas. Han mostrado que están dispuestos a sufrir costos significativos, como perder un año de escolaridad o enfrentarse a la presión de sus familias y de parte de la comunidad.

Entonces ¿qué está faltando para avanzar en esta confrontación entre estudiantes y gobierno?

Aún falta más fuerza. Por más que se diga que se trata de un movimiento ciudadano, los sectores sociales y gremiales que se han sumado de manera evidente al movimiento son pocos. El que algunas marchas sean masivas no garantiza que se trate de un movimiento ciudadano. El movimiento se hace ciudadano cuando distintos actores sociales suman fuerzas a la presión que se debe hacer contra el gobierno, el parlamento y el modelo en general.

Cuando se sumen los gremios del transporte, del comercio minorista, de los principales sectores productivos, los servicios públicos, las organizaciones vecinales, de manera masiva y evidente, la fuerza ciudadana será realmente gravitante. Bien lo sabemos en Magallanes los que nos opusimos al alza del gas: cuando todas las fuerzas se expresan de manera coordinada y disciplinada, no hay gobierno que resista.

Ayudemos a los estudiantes a activar todas esas fuerzas, a ponerlas al servicio de este proceso de transformación. Generemos espacios de reflexión, debate y deliberación, en cada organización social y gremial. Si fuimos capaces de movilizarnos por un alza del gas que nos implicaba gastar adicionalmente unos $ 50.000 al año ¿valdrá la pena movilizarnos para que la educación sea gratuita y esté al alcance de todos, sin endeudarnos de por vida?

Sin duda, no se trata sólo de evitar una pérdida económica, pero visto de esa manera, es posible que logremos sumar aún a muchas más personas. Los de izquierda, queremos mucho más que eso: queremos un cambio radical de este sistema injusto e inhumano. Es momento de construir un país distinto. Con una izquierda vigorosa y protagónica, Chile será otro Chile.

lunes, 21 de noviembre de 2011

Carta de Jorge Arrate

Estimados Compañeros del Movimiento Amplio de Izquierda de Magallanes:
Escribo desde Amsterdam, donde visito a mis dos hijos, que permanecieron acá al fin del exilio, y que felizmente se han reproducido en tres nietos.
Antes que nada, felicitaciones por la iniciativa de constituir el blog del Movimiento Amplio de Izquierda de Magallanes como un sitio de conexión, intercambio y debate        (http://movimientoampliodeizquierdamagallanes.blogspot.com/). Participaré con mucha alegría.
Mis lecturas de hoy frente al computador me han sobresaltado algo más de lo corriente. El diario El Mercurio informa que “La Moneda considera un retroceso contrapropuesta opositora en educación”. Me pregunto si acaso no será interesante conocer en detalle, más allá de la postura del gobierno o de los opositores, la opinión precisa de las organizaciones estudiantiles, particularmente por las fundadas y reflexivas elaboraciones que han desarrollado durante los últimos meses. En el diario La Tercera encuentro una respuesta de aparente sentido común que echa por tierra mi pretensión de seguir inmiscuyendo a los estudiantes en los asuntos de los estudiantes. Efectivamente, el senador Eduardo Frei dice: “Ya no hay tiempo para buscar la opinión del movimiento estudiantil”. Es una lástima, me digo, quizá hubiera sido mejor que los partidos opositores los hubieran consultado antes de hacer la propuesta, cuando aún había tiempo. Pero el mismo diario La Tercera cambia el foco de mi preocupación a un espacio menos localista cuando leo: “Hay que tener cuidado de no caer en un chovinismo extremo por Anglo American”, una profunda observación del Ministro Golborne, que nos sorprende con una llamativa faceta de su pensamiento cosmopolita. En realidad, me digo, para nacionalismo extremo tenemos el fútbol, con la Roja y la “U” en la Sudamericana y los avatares de los chilenos que juegan en Europa y México. Y a lo mejor Golborne es más lúcido que todos nosotros y no perjudica al cobre con ese tosco sentimiento.
Cuando llego al blog del Movimiento Amplio de Izquierda de Magallanes me siento alentado por la iniciativa, por su apertura y transparencia y por el empeño y dedicación con que ustedes defienden sus ideas que, por lo demás, firmemente comparto. Entre otros textos, al leer el blog sigo atento el resumen de la concurrida exposición realizada en Punta Arenas por Gabriel Salazar hace algunos días. Y, a diferencia de mis lecturas matutinas anteriores, que me mueven a risa, esta me induce a una breve reflexión de fondo. Salazar es, con todo merecimiento, Premio Nacional de Historia, ha hecho un aporte destacado a los estudios en su área y las varias obras que de él conozco han sido para mí, todas, más allá de coincidencias de apreciación o no, fuente de aprendizaje y de reflexión. Hago pues mi comentario con respeto y fraternidad y sólo con el ánimo de, una y otra vez, en un ejercicio que habrá de ser interminable, indagar más profundamente y en conjunto con otros sobre cuestiones relativas a la historia contemporánea de nuestro país.
Hace poco más de un mes leí en una entrevista hecha a Gabriel Salazar en el diario digital Clarín (www.clarin.cl, 28 de septiembre de 2011) una afirmación que me inquietó: “Alessandri reformó la Constitución de 1833, casi copiada, ésa es la de 1925. Ese Estado ilegítimo, la izquierda, el PS, el PC y el PR, incluso Allende, se lo tomaron en serio y se adaptaron, pese a que era un Estado contrario a la voluntad popular. Incluso quisieron hacer una revolución socialista a partir de un Estado liberal sin cambiar el Estado liberal. Ridículo. Allende se suicida a nombre y por la Constitución ilegítima de 1925”.Ahora, en la entrevista publicada por El Magallanes de 17 de octubre pasado, que leo en el blog, afirma, refiriéndose a los militares: “Entonces, eso es lo terrible porque  Allende les creyó y creyó profundamente que eran respetuosos, profesionales y que el orden portaliano ha sido respetado y ha sido la característica principal de Chile”.     
Pienso que estos juicios no hacen justicia a Salvador Allende. No creo que debamos transformar a Allende en un “intocable” o presentarlo como alguien que hizo todo bien y que siempre tuvo razón. Salazar, como todos, tiene todo el derecho a criticarlo y a juzgarlo como personaje histórico. Allende fue un político y luchador social que se movió muchas veces en territorio resbaladizo y, en su caso, inexplorado. Enfrentó alternativas sin precedente y complejas y por tanto con alto riesgo de error. Me parece sinceramente que en algunos momentos pudo haber tomado mejores decisiones que aquellas que adoptó (afirmación que, como es obvio, he formulado desde la tranquilidad de la reflexión a diferencia de Allende que debió decidir en el fragor de una intensa batalla social y política). Sin embargo, me parece simplificador sostener que “Allende les creyó (a los militares) y creyó que eran respetuosos, profesionales…”. Desde mi punto de vista, Allende propuso una política que subrayó fuertemente la doctrina del profesionalismo, que era formalmente la que decían adoptar las propias Fuerzas Armadas,  para, primero, intentar la neutralización o al menos el debilitamiento de sus tendencias históricas a intervenir a favor de los sectores conservadores y, segundo, fortalecer dentro de las propias Fuerzas Armadas a los sectores de pensamiento social avanzado y a los más proclives a la doctrina profesional. En los hechos previos a la asunción de Allende (sabotajes, campaña del terror, corrida financiera, intervenciones de la CIA, asesinato del comandante en jefe del Ejército) hubo altos oficiales involucrados y Allende lo sabía. Su opción no era “creer” o no en las Fuerzas Armadas que, como otros espacios institucionales o privados eran, en esa época, territorios en disputa. Se trataba de aplicar una política que pudiera realizarse en el marco existente, no en uno virtual, y que fortaleciera la vía democrática postulada por Allende. Esa vía no consistía en “hacer una revolución socialista a partir de un Estado liberal sin cambiar el Estado liberal”. Esta definición no corresponde para nada al pensamiento de Allende ni al de los partidos que lo apoyaban, como es evidente en sus discursos presidenciales y en los programas políticos, respectivamente. Para terminar,   no considero que Allende se haya quitado la vida “a nombre y por la Constitución ilegítima de 1925”. Entre muchas otras intervenciones suyas los varios discursos radiales del 11 de septiembre de 1973 no avalan esa interpretación. Pero, sobre todo, no la avala el conjunto de actos que constituyeron su aporte a las ideas y la lucha por el socialismo en Chile.
En fin, los grandes temas nunca se cierran y este es uno de ellos. Por eso he querido aceptar de inmediato la invitación de ustedes y les envío esta breve opinión.
Un abrazo grande y fraternal.
Amsterdam, 21 de noviembre de 2011.

jueves, 3 de noviembre de 2011

Soberanía Popular

Hace un par de semanas estuvo en nuestra ciudad el destacado historiador social don Gabriel Salazar. En una charla a la que asistieron más de 300 personas, expuso de manera contundente y magistral algunos conceptos acerca de nuestra historia y de cómo se debe dar la soberanía popular. De paso, se manifestó de manera crítica respecto de muchos de nuestros intentos de transformación social.


Queremos recordar ahora algunos de los conceptos por él vertidos:

1. Para avanzar en nuestro afán de transformar significativamente nuestro ordenamiento social, necesitamos conocer nuestra historia, y extraer los aprendizajes pertinentes. Ello implica 2 cosas: por una parte, necesitamos revisar la historia que nos han contado acerca de nuestro país, especialmente sus “héroes” y principales episodios, pues se nos ha entregado severamente tergiversada, comenzando por la misma figura de O’Higgins, personaje antidemocrático y militarmente perdedor. Por otra parte, implica contextualizar y adecuar los conceptos y teorías de transformación social que se han generado en otras culturas u otras épocas. En este sentido, Don Gabriel Salazar atribuye parte del fracaso del gobierno de Salvador Allende, al no haber contado con una teoría social o histórica propia, que pudiera haber dado soporte sólido al intento de gobierno popular.

2. Un segundo gran aporte del historiador Salazar apunta al concepto de deliberación. Se entiende por deliberación al proceso de reflexión, individual y colectivo, que permite analizar una situación social y política desde el punto de vista de los intereses del pueblo, para luego traducirse en acuerdos o mandatos populares. Si no existen instancias de deliberación reales, no hay desarrollo social ni transformación política. De ahí la importancia de que las organizaciones sociales y políticas tengan prácticas democráticas, en que las decisiones se fundamenten en procesos de discusión y discernimiento colectivo. El acto de votar, si no está precedido de la deliberación pertinente, no tiene valor transformador. Un dato más, la deliberación real es un proceso de reflexión, que no es automático ni rápido.

3. Ligado a lo anterior, don Gabriel Salazar otorga gran importancia a los mandatos de las asambleas, instancia en las que se deben tomar las decisiones. El proceso de deliberación debe culminar en decisiones, sólidas y profundas, expresados como “mandatos”. En este sentido, el mandato en sí mismo es más relevante que quien sea elegido para concretar o comunicar el mandato de la asamblea. Por tanto, si el mandatario no es fiel al mandato, debe ser rápidamente desplazado. Este simple principio no opera en la mayoría de nuestras organizaciones, donde se asigna más importancia a la elección de los dirigentes que a los procesos de deliberación colectiva. Incluso, muchas veces el representante toma decisiones por sí mismo, en virtud del supuesto poder asignado al asumir su cargo.


Así, en torno a los 3 elementos antes vistos, podemos aproximarnos al concepto de soberanía. Ésta radica en el pueblo, no en los representantes. Es el pueblo deliberante el que debe decidir el ordenamiento social que quiera darse, lo que debiera finalmente expresarse en una Constitución soberana. Sólo la Constitución de 1828 obedeció a un proceso de este tipo. Todas las otras constituciones de Chile han sido expresión del poder dominante. Cabe preguntarnos ¿Podremos cambiar esa historia?